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tambien es un oficiomié 03 de mayo, 2006 - 15:50 Estado de ánimo: EstresadoSeguridad de esta entrada: PUBLICO Música actual: SOAD el francotirador mira la plaza, la muchedumbre, el ajetreo, el masticar de helado y cacahuetes, las palomas. sonríe. nadie sabe de él, parapetado en lo alto de un campanario sumido en el olvido sobre todo, no saben del cañón que apunta y la bala que en cualquier momento va a cruzar el aire. eso es lo que le hace sonreír. porque se siente una especie de dios que va a cambiar la rutina. la va a pulverizar. sólo quedarán de ella vanos pedazos sanguinolentos, trozos de pulmón, lágrimas y mandíbulas desencajadas. terror. se paseará por la plaza y causará estragos. eso es lo que le hace sonreír. no obstante, observenlo. mide un metro ochenta, viste ropa casual, guantes, fuma un puro y lleva el pelo al natural sin ningun tipo de gel o fijador. mirémosle porque, a su pesar, es la primera vez que se oculta tras una campana y apunta con sangre fría. es la primera vez que siente que va a cambiar la rutina. le va a dar una patada en la ingle y la va a dejar agonizante en el suelo. ¿qué hará?, disparará cuando vea a su víctima, e incluso puede que también dispare a las palomas. da una calada profunda a su puro. decide deshacerse del puro y sigue contemplando con atención el bullicio en la plaza. una gran fuente se alza en el centro, y en ella juegan divertidos varios niños. sus madres charlan despreocupadas, pierden el tiempo hasta entrar en la peluquería, cuchichean y hablan mal de otras personas o compran un masticar de helado. al francotirador no le gusta que haya niños en el lugar donde él va a afinar su puntería. se siente como si ellos fuesen también el centro de la diana y le cuesta más concentrarse. gajes del oficio, por otra parte. puede que uno de los peores, además. porque, no ya la cuestión de estar sereno, de no dejarse influenciar el punto de mira por la alegría; ¿qué ocurre si se equivoca? ¿o si enloquece? ¿si decide convertirse en ciudadano americano y vaciar el cargador? no le preocupa este último aspecto. dentro del mismo asunto le da más importancia a la carga policial. qué debe hacer uno cuando ha terminado su trabajo, si debe huir, si debe hacerse pasar por un ciudadano asustado más, dónde esconder el arma… muchas cuestiones. ¿será su dedo la cuchilla que decapita? ¿tendrá remordimientos? puedes tambien preguntar sobre su futuro, acabará en la cárcel, o si saldrá airoso, claro está, pueden ignorar el tema si les parece demasiado escabroso . de todas maneras no deja de tener interés. su filosofía es simple, ese es su trabajo es lo mejor que sabe hacer, ¿heroe o villano? ¿quien es el indicado en calificarlo como tal?, entonces observenlo de nuevo. mide un metro ochenta, viste ropa casual, guantes, fuma un puro y lleva el pelo al natural sin ningun tipo de gel o fijador. recordemos, sonríe debido a los cambios que va a provocar en la plaza. dicho esto que sigan las apuestas. ahora parece más fácil doblar el billete porque el sudor empapa la frente, las sienes y las manos del francotirador. la sonrisa, lejos del mero acto de desdibujarse, se apaga. los nervios comienzan a repicar, a extenderse como la mantequilla sobre una sartén, sin entender ni saber de dedos índice que se enroscan alrededor del gatillo. la culata tiembla. la bala se resigna a aparecer. “hazlo, no pienses”. es lo que se podría leer en su cabeza. pensamientos de un novato en el oficio. pesar de un neófito en el arte de atravesar el corazón. “aparece de una vez”. entonces, deteniendo el tiempo, haciendo que el sudor impregne con más intensidad, ella, la víctima, su pasear despreocupado, ignorante. no sabe. ignora. los niños sonríen, las palomas atacan, el ajetreo sigue, el color no se desdibuja. el dedo, quejumbroso, está ya listo para que rueden las cabezas. la garganta late. el sol resplandece. ella, la víctima, su pasear despreocupado, decide en el último momento hacerle una visita al puesto ambulante. eso al francotirador le confunde. ve nadar a su punto de mira en un mar de coronillas. al fin la ve aparecer, arrodillándose para rendir tributo. apunta, pero… no, no es el momento. corre el riesgo de convertirse en ciudadano americano sin ni siquiera proponérselo. además no es algo con lo que juguetear. se tranquiliza. (para eso, al igual que para el momento justo, no hay experiencia). el apogeo, el terremoto final, la electricidad, la sangre que se coagula, las muñecas que se trituran. tristeza. agonía. cámara lenta. reaparece buñuelo en mano sorteando , quien acompaña se ofrece para ayudarla a sentarse. conversan, sonríen, mascan y esperan a que el camarero tome nota. lo hace en cuestión de segundos. es en su marcha cuando decide que el tiempo ha transcurrido en demasía, que la rutina debe cambiar. la bala cruza el aire. la puntería es esencial, la medalla de oro, la verdadera arma. encontrar obstáculos es lo peor que le puede pasar a un francotirador.farolas. el respaldo de una silla. metal, acero. una pared, un muro. cualquier cosa que propicie el rebotar de la bala. la mirilla, a duras penas, la ve acercarse directa, peligrosamente a la altura de esa sien manchada de sudor. y eso da como resultado el más abracadabrante e inverosímil, el único suicidio no planeado de la historia. 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